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Banca central y política monetaria | Raúl Prebisch y los desafíos del Siglo XXI

Banca central y política monetaria en el centro y en la periferia:

Prebisch como banquero central y ‘doctor monetario’

 

Esteban Pérez Caldentey y Matías Vernengo

Banco Central de Argentina (BCRA), Profesor de la University of Utah,

y Comisión Económica para América Latina (CEPAL) respectivamente.

Las opiniones aquí expresadas son de exclusiva responsabilidad de los autores

y pueden no coincidir con las del BCRA y la CEPAL.

 

Tanto en las economías del centro como en la periferia, la política monetaria y la banca central asumieron un papel eminentemente pasivo durante la mayor parte del siglo XIX y principios del XX. Esto obedece, en parte, a la adhesión de la mayoría de los países a regímenes de tipo de cambio fijo, entre los cuales el patrón oro asumió un rol protagónico.

En las economías del centro y en particular en los Estados Unidos, la Primera Guerra Mundial y sus efectos propiciaron el activismo monetario que tuvo un importante auge en la década de 1920. El cambio en la periferia hacia el activismo monetario comenzó a germinar más tarde, luego de la Gran Depresión y tuvo un importante auge en los años cuarenta. Tradicionalmente, la política monetaria en América Latina se había fundamentado en las recomendaciones de la ortodoxia económica prekeynesiana de las misiones Edwin Kemmerer, Sir Otto Niemeyer, y F. J. Powell de las décadas de 1920 y 1930. Los lineamientos generales para el manejo de la política monetaria apuntaban hacia una banca central independiente y una política monetaria que apoyara ante todo la estabilidad fiscal, lo que las hacía claramente pro-cíclicas. 

Sin embargo, los efectos de la Gran Depresión y sus secuelas en los países de la periferia pusieron en tela de juicio estas recomendaciones y dieron paso a un cambio de orientación en la política monetaria. El Banco Central de la República Argentina (BCRA), bajo la dirección de Prebisch en el período 1935-1943 y los auspicios de Federico Pinedo (1895-1971), tuvo un rol anticíclico utilizando una serie de instrumentos, como la política cambiaria, la acumulación de reservas, los controles de capital y las operaciones de mercado abierto. El banco también actuó como prestamista de última instancia y, en algunas ocasiones, como apoyo parcial de una política fiscal expansiva. Esta experiencia del BCRA y las dificultades asociadas al manejo de una economía con problemas externos fueron formativas intelectualmente y explican en alguna medida las ideas posteriores que desarrolló Prebisch.

Las políticas expansivas se mantuvieron durante la época de la política de "buen vecino" por parte de los Estados Unidos, bajo la administración de Franklin Delano Roosevelt, que se materializó en un importante apoyo a la inversión pública y a la banca de desarrollo, a la vez que promovió la creación de sistemas monetario-financieros más estables, menos vulnerables y con una mayor capacidad de respuesta a los embates del ciclo económico. El Tesoro y luego la Reserva Federal de los Estados Unidos organizaron a partir de mediados de la década de 1940 una serie de misiones (en el Paraguay, la República Dominicana y Venezuela), lideradas en su gran mayoría por Robert Triffin (1911-1993).

Triffin invitó a Raúl Prebisch a colaborar en estas misiones y destacó su influencia en las propuestas para la reforma de la banca de esos países. Ambos coincidían en que los sistemas financieros debían diseñarse de acuerdo con las necesidades de los países de América Latina y no ser "imitaciones serviles de los regímenes bancarios de los grandes centros financieros". La reforma de estos sistemas otorgó amplias funciones a la banca central, inluido no solo el mantenimiento de la estabilidad monetaria, sino también la adaptación de la política monetaria a las necesidades de la producción, además de un claro y evidente papel contracíclico. Estas ideas mantienen su relevancia hoy en día. 

Los efectos de la crisis de la deuda de los años ochenta, las reformas de estabilización y estructurales que le siguieron, el progresivo asentamiento de la creencia en la eficiencia del mercado y la deslegitimación de la intervención pública condujeron a un prolongado declive de las políticas monetarias activas y contracíclicas. Sin embargo, la última crisis (2007-2009) las ha vuelto a poner de relieve. A pesar de ello, la política monetaria sigue manteniendo un pronunciado sesgo hacia la estabilidad de precios prestando escasa atención a sus efectos sobre la trayectoria de crecimiento de largo plazo de las economías, lo que sí estaba presente en la reforma de la banca de América Latina en la década de 1940. 

 


 

Banca central y política monetaria en el centro y en la periferia: 

Prebisch como banquero central y ‘doctor monetario’

 

Esteban Pérez Caldentey y Matías Vernengo

 

Introducción

Tanto en las economías del Centro como en la Periferia los bancos centrales y la política monetaria asumieron un papel eminentemente pasivo durante la mayor parte del siglo XIX y principios del XX. Esto se explica, en parte, por la adhesión de la mayoría de los países a regímenes de tipo de cambio fijo, entre los cuales el Patrón Oro asumió un rol protagónico.

En las economías del Centro y en particular en los Estados Unidos, la Primera Guerra Mundial y sus efectos propiciaron el activismo monetario que tuvo un importante auge en la década de los años veinte. En los Estados Unidos las operaciones de mercado abierto y la variación de las tasas de interés para enfrentar las variaciones del ciclo económico comenzaron a ser prácticas usuales en el manejo de la política monetaria. Además, bajo la presidencia de Benjamin Strong (1918-1928) en la Reserva Federal de Nueva York se institucionalizaron las operaciones de mercado abierto como una manera de generar liquidez y también de contribuir a la reconstrucción de Europa. Strong, al igual otros economistas de la época y banqueros centrales entre los que destaca en particular Marriner S. Eccles (1890-1977), reconocieron los límites de la política monetaria.

El cambio en la periferia hacia el activismo monetario comenzó a germinar más tarde, luego de la Gran Depresión y tuvo un importante auge en la década de los años cuarenta. Tradicionalmente la política monetaria en América Latina se fundamentó en las recomendaciones de las misiones Edwin Kemmerer, Sir Otto Niemeyer, y F. J. Powell de las décadas de los años 20 y 30. Los lineamientos generales para el manejo de la política monetaria apuntaron hacia una banca central independiente y una política monetaria pro-cíclica que apoyara ante todo la estabilidad fiscal, todavía fuertemente influenciada por la ortodoxia económica pre-keynesiana.

Sin embargo, los efectos de la Gran Depresión y sus secuelas en los países de la Periferia pusieron en tela de juicio estas recomendaciones y dieron paso a un cambio de orientación en la política monetaria. Un ejemplo ilustrativo lo constituye la creación del Banco Central de la República Argentina (BCRA) en 1935 bajo los auspicios de Raúl Prebisch (1901-1986) y Federico Pinedo (1895-1971). Bajo la dirección de Prebisch en el período 1935-1943, el BCRA tuvo un rol anticíclico utilizando una serie de instrumentos, incluyendo la política cambiaria, la acumulación de reservas, controles de capital y operaciones de mercado abierto. También el banco actuó como prestamista de última instancia y, en algunas ocasiones, como apoyo parcial de una política fiscal expansiva. Es importante notar que la experiencia en el Banco Central, y las dificultades asociadas al manejo de una economía con problemas externos, fueron formativas intelectualmente y explican en alguna medida las ideas posteriores que desarrolló Prebisch.

Una etapa posterior, donde las políticas expansivas también se mantuvieron, fue posible gracias a la adopción de la Política de ‘Buen Vecino’ por parte de los Estados Unidos hacia América Latina, bajo la administración de Franklin Delano Roosevelt, que duró aproximadamente entre 1934 y 1950 y que se materializó en un importante apoyo, entre otros, a la inversión pública y a la banca de desarrollo. También se planteó la creación de sistemas monetario-financieros más estables, menos vulnerables y con una mayor capacidad de respuesta para enfrentar los embates del ciclo económico. Para este último fin el Tesoro y luego la Reserva Federal de los Estados Unidos organizaron a partir de mediados de la década de los años 40 una serie de misiones lideradas en su gran mayoría por Robert Triffin (1911-1993). Triffin visitó Paraguay (1943-1944), Guatemala (1945), la República Dominicana (1946) y Venezuela (1948). Triffin invitó a Raúl Prebisch a colaborar en estas misiones y destacó su influencia en las propuestas para la reforma de la banca en estos países.

El resto de este artículo esta divido en tres secciones. La siguiente sección discute la creación del BCRA y el papel de Prebisch y otros actores, en particular Niemeyer y Pinedo, en el proyecto final aprobado por el Congreso, además de discutir los elementos centrales del desvío de la conducción de la política monetaria con relación a la ortodoxia dominante antes de la crisis. La sección subsecuente discute brevemente el papel de Prebisch en las misiones monetarias de Estados Unidos al Paraguay y la República Dominicana, y la relación con su teoría dinámica del ciclo global. En ese contexto su relación con otros ‘Doctores Monetarios,’ particularmente Triffin, es analizada. La última sección presenta una breve conclusión.

Prebisch y la creación del Banco Central de la Republica Argentina

El contexto general de la creación del BCRA fue el del colapso del modelo agro-exportador en el marco del cual el crecimiento de la economía argentina, y del resto de América Latina, había estado asentado desde los tiempos coloniales. La crisis de 1929, con el colapso de los términos de intercambio, y la Gran Depresión forzaron la salida del Patrón Oro y el cierre de la Caja de Conversión, la cual había sido reinstaurada en 1927. Sin embargo, desde el punto de vista de las ideas económicas, en los primeros años de la década del 30 todavía eran predominantes las ideas convencionales, relacionadas al ajuste automático de la balanza de pagos y con el Patrón Oro clásico. La visión liquidacionista convencional era que había que permitir la quiebra de los negocios para crear las condiciones de un crecimiento más sano, con empresas más sólidas.

Raúl Prebisch participó activamente de la política económica al principio de la Depresión, como Subsecretario del Ministerio de Hacienda en el gobierno provisional del general José Félix Uriburu (Dosman, 2008). Aunque la creación del banco central todavía corresponde a una visión relativamente convencional del papel que este tipo de institución debería cumplir en el funcionamiento de la economía, Prebisch tenía clara la necesidad de medidas de emergencia como resultado de la crisis en el centro, en particular con el abandono del Patrón Oro por Gran Bretaña en 1931. En particular, el cierre de la Caja de Conversión en 1929 y el abandono del Patrón Oro con la consecuente fuga de oro, y las reglas rígidas seguidas por la Tesorería, redujeron el circulante doméstico, y llevaron a una depreciación significativa del tipo de cambio, agravando la contracción general de la economía. Por eso en ese año por decreto, escrito por el puño del propio Prebisch, se creó una Comisión de Control de Cambios, que pasó a centralizar toda compra y venta de divisas y a fijar su precio, priorizando el servicio de la deuda para evitar el default externo (Obras, Tomo II, pp. 4-6).

En Octubre de 1932 Prebisch viajó a Ginebra, donde estaba la sede de la Liga de las Naciones, como parte de la delegación argentina formada para la Conferencia Monetaria Internacional, que sería realizada en Londres el año siguiente. Prebisch también participó de la negociación del convenio con Gran Bretaña, conocido como el pacto Roca-Runciman, que concedía beneficios a los productos británicos, y a cambio ese país seguía comprando carne argentina, de acuerdo con las ventajas comparativas ricardianas. Prebisch escribió una defensa del convenio publicada en diario La Nación (Obras, Tomo II, pp. 102-8). Entre otras cosas su defensa del convenio lo haría, más tarde en su carrera, sospechoso a los ojos de los grupos desarrollistas que serían favorables a las políticas de desarrollo que Prebisch impulsaría desde la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). (Véase Sikkink, 1988).

Durante el periodo de casi un año que pasó en Europa, Prebisch fue crecientemente influenciado por las ideas alternativas, todavía en formación, de John Maynard Keynes, en particular las propuestas sobre políticas anticíclicas que este ya divulgaba en su The Means to Prosperity. También en su permanencia en Londres mantuvo contacto con Sir Otto Niemeyer, anteriormente del Tesoro y a esa altura del Banco de Inglaterra, que iría a jugar un papel importante en la creación del Banco Central de la República Argentina.

Hasta este momento, Prebisch sostuvo que los cambios en los flujos monetarios eran la principal causa de las fluctuaciones del ciclo económico. Al comienzo, puso énfasis en los flujos financieros –determinados por las necesidades de financiamiento de la Argentina por parte de la demanda y por la posición de liquidez de los países desarrollados, particularmente Gran Bretaña y los Estados Unidos de América, por parte de la oferta– como el factor desencadenante que conduce a una expansión de liquidez, un aumento de precios y una mejora de la perspectiva y las condiciones de negocios (Pérez Caldentey y Vernengo, 2012a). Por ejemplo, en 1929 en un artículo titulado “El Movimiento Internacional del Oro,” Prebisch escribió: “[…] si hubiésemos administrado prudentemente el incremento de las reservas metálicas, la exportación de oro provocada por el alto interés exterior apenas ocasionaba un suave receso de la prosperidad en nuestros negocios. Pero si aquél había sido empleado generosamente en la expansión de los billetes y el crédito sin precaverse de excesos especulativos, las salidas de oro precipitaban el desenlace de una crisis más o menos acentuada” (Obras, Tomo I, p. 554). En otras palabras, hasta la crisis y el viaje a Europa las ideas de Prebisch seguían fundamentalmente la idea del ajuste automático del sistema monetario internacional.

La idea de la necesidad de crear un banco central estaba bastante consolidada en los primeros años de la crisis. En 1931, una comisión presidida por el Ministro de Hacienda, Enrique Uriburu, con la participación de Pinedo y Prebisch, se manifestó favorablemente a la creación de la nueva institución y produjo un proyecto redactado por este último (Obras, Tomo II, pp. 7-15). En 1932, Sir Otto Niemeyer fue invitado a visitar la Argentina, y escribió un informe que fue presentado en marzo de 1933. Cabe recordar que Niemeyer fue la figura central, que en 1925, cuando estaba en el Tesoro, había aconsejado a Winston Churchill, el Chancelor of the Exchequer en ese entonces, a volver al Patrón Oro a la paridad anterior a la de la Gran Guerra, el número mágico de 4,86 dólares por libra esterlina (Moggridge, 1972). Más allá de la postura teórica convencional, el proyecto de Niemeyer tenía varios problemas de orden práctico, en particular el hecho de que el “Doctor Monetario” británico carecía de información sobre las carteras de los bancos, y no tenía ninguna medida para sanear las cuentas del sistema bancario, algo que era necesario para que el sistema monetario pudiera volver a funcionar (Lorenzutti, 1996, p. 53). El proyecto de Niemeyer tampoco decía nada directamente sobre las reservas de oro ni sobre el régimen cambiario que debería ser adoptado. Además Niemeyer sugería que sólo se podría crear un banco central una vez que el equilibrio fiscal fuera alcanzado. En realidad, prácticamente la única medida que se podría decir que tenía el sello de Niemeyer que permaneció en el proyecto final de creación del BCRA fue la relacionada con la independencia de la tesorería (Sato, 2008). Según Wierzba y López (2010, p. 94) la ley de creación del BCRA no dice nada sobre la independencia de la institución con relación a la tesorería (Véase Pazos, 1998, para una discusión de las diferencias entre los proyectos de Niemeyer y Prebisch).

Entre el proyecto de 1931 y su retorno de Europa, Prebisch fue modificando su visión del ciclo económico en la Argentina. Prebisch se dio cuenta de que, además de los flujos monetarios y financieros, los cambios en las condiciones que afectaban al comportamiento de las exportaciones también podían ser factores de inicio del ciclo económico. No obstante, solo introdujo el comportamiento de las exportaciones como desencadenante de las fluctuaciones económicas en el ciclo cuando tomó conciencia de que los precios agrícolas venían registrando una tendencia a la baja desde mediados de los años veinte y de que la Gran Depresión había acelerado notoriamente ese descenso. Estas ideas, que de algún modo presagian la hipótesis Prebisch-Singer que formularia casi dos décadas después, fueron importantes en la creación del BCRA.

Cuando Pinedo fue designado Ministro de Hacienda en enero de 1935 envió al congreso el proyecto sobre bancos y moneda que le había pedido a Prebisch que elaborara el año anterior (Obras, Tomo II, p. 351, nota del editor). El 31 de mayo de ese mismo año quedó constituido el Banco Central de la República Argentina y Prebisch fue designado su primer gerente general. El BCRA no incorporó la propuesta de Niemeyer de elevar la tasa de redescuento cuando la proporción de las reservas con relación a la emisión fuera inferior a 33%, en particular, porque Prebisch tenía una mayor preocupación con la necesidad de usar la tasa de redescuento como instrumento de política anticíclica, un instrumento que ya era usado desde 1931 para evitar una crisis de liquidez en el medio de una crisis (Pérez Caldentey y Vernengo, 2012a, p. 16). Lo mismo se puede decir de los controles de cambio.

Es importante comprender que la razón para querer amortiguar las fluctuaciones del ciclo económico, en un principio, era mantener la estabilidad no de la producción nacional, sino de los precios y la moneda. Es en este sentido que esta política monetaria, que iba a contracorriente del movimiento cíclico, tenia en esencia una naturaleza ortodoxa, aunque Prebisch tenía claro que el nivel de actividad se veía afectado por las fuerzas inflacionarias y deflacionarias en el corto plazo (Obras, Tomo III, p. 90). Sin embargo, a medida que la crisis externa avanza al igual que la influencia de Keynes, Prebisch desarrolla una perspectiva en la cual las exportaciones, en particular, pasan a tener efectos sobre el nivel de actividad.

Para desarrollar su análisis de la transmisión entre los ingresos de exportación, la actividad interna y las importaciones, alrededor de 1935 Prebisch introdujo el concepto de “coeficiente de expansión,” mas conocido como multiplicador del comercio exterior (Obras, Tomo III, pp. 249-298, 301-310, 335-342 y 349-370). Según Prebisch, el coeficiente de expansión medía la intensidad con que un aumento de la renta, causado por un incremento de las exportaciones o los flujos financieros, produce una mayor expansión de la actividad económica interna. A diferencia del multiplicador de Keynes, Prebisch sugería que el efecto de las exportaciones no solo dependía del coeficiente de importación, sino también de la velocidad de circulación del dinero (Pérez Caldentey y Vernengo, 2012a, p. 14). En ese sentido, el banco central, en la medida que podía afectar la velocidad de circulación, tenía un papel importante en la política de reactivación económica.

Es importante notar que si bien el uso de los redescuentos y del control de cambios era visto en 1931 como algo temporario, y fueron mantenidos como posibilidades con la creación del BCRA en 1935, la idea era que eventualmente serían abandonados. Sin embargo, la crisis de 1937-38 y el principio de las restricciones provocadas por el conflicto bélico en 1939, dieron lugar a la utilización de los instrumentos no ortodoxos, como los controles e intervenciones cambiarias, y a una concepción más acabada sobre la necesidad de usarlos de modo más permanente en los países periféricos.

Uno de los economistas, además de Prebisch, que se dio cuenta de la necesidad de utilizar estos instrumentos heterodoxos en la política monetaria en la Periferia y que elogiaría su utilización en la Argentina (Obras, Tomo IV, pp. 235-37), fue Robert Triffin, un economista con el cual Prebisch entablaría una fructífera relación en los años posteriores a su cesantía del BCRA en 1943.

Los ‘Doctores Monetarios’ y Prebisch

Inmediatamente después de salir del BCRA, Prebisch se dedicó a la enseñanza en la Universidad de Buenos Aires, donde empezó a desarrollar su teoría de la dinámica del ciclo económico Centro-Periferia (Pérez Caldentey y Vernengo, 2012b), y a partir de una serie de seminarios que dictó en el Banco de México en 1944 por invitación de Robert Triffin, se dedicó a lo que podría llamarse la actividad de ‘Doctor Monetario’ en la región, contribuyendo en las misiones estadounidenses a Paraguay y República Dominicana (Dosman, 2008, p. 197, p. 204). Triffin y Prebisch compartían puntos de vista similares sobre el papel de los bancos centrales y el primero había tratado de llevarlo a Prebisch a vivir en Estados Unidos como profesor en Harvard (Ibid., p. 203).

Las propuestas de Triffin en sus misiones monetarias coincidieron con las ideas de Prebisch en el sentido que los sistemas financieros debían ser diseñados de acuerdo a las necesidades de los países de América Latina y no ser ‘imitaciones serviles de los regímenes bancarios de los grandes centros financieros.’ La reforma de estos sistemas otorgó amplias funciones a la banca central incluyendo no solo el mantenimiento de la estabilidad monetaria sino también la adaptación de la política monetaria a las necesidades de la producción, además de un claro y evidente papel contra cíclico.

Tanto Prebisch como Triffin creían que las funciones de un banco central no se limitaban únicamente a mantener la estabilidad nominal de la moneda y reaccionar a las perturbaciones externas de la balanza de pagos. Los bancos centrales también deberían tener, en la visión de ambos, una postura contracíclica y promover los objetivos relacionados con el desarrollo nacional, incluyendo el crecimiento y el empleo. Triffin estaba a favor de la planificación económica, una economía dirigida, la protección de la industria naciente, y también era favorable a la industrialización guiada por el estado, que eventualmente vendría a ser defendida y relacionada con el famoso ‘Manifiesto de Prebisch’ (Obras, Tomo IV, pp. 490-551). Una de las razones usadas por Triffin para defender la industrialización de América Latina era el hecho de que esto conllevaría al incremento de las exportaciones estadounidenses de bienes de capital (Helleiner, 2009). También es importante notar que Triffin (1947b, p. 60) veía la experiencia argentina con los controles de cambio como un “notable éxito,” esencial para evitar que el Centro le repasara a la Periferia los costos del ajuste en tiempos de crisis.

Es importante notar que la intervención de los bancos centrales en la industria en el período del entre-guerras había sido esencial para evitar una crisis todavía mayor. Según Cerretano (2009), la intervención llevada adelante por el banco de Inglaterra en el período de entre-guerras evitó el colapso de sectores estratégicos, tales como la industria pesada y la armamentística. Dicha intervención se llevó adelante mediante préstamos directos a las industrias afectadas, garantías a los bonos emitidos por las mismas y presión gubernamental sobre los bancos para que concedieran prestamos a la industria. Niemeyer justamente pasó del Tesoro al Banco de Inglaterra como parte del proceso de cooperación, que le permitió al último intervenir más directamente en el desarrollo industrial. En el Reino Unido, la intervención del Banco de Inglaterra permitió el desarrollo de nuevas industrias como la del aluminio y las fibras sintéticas (Cerretano, 2009).

Estos nuevos desarrollos eran bastante claros e influenciaron las ideas en todo el mundo. Las misiones a Paraguay y la República Dominicana, de las cuales participó Prebisch, fueron parte de un nuevo tipo de misión monetaria. Al contrario de las misiones de Kemmerer, privadas y basadas en una visión ortodoxa del funcionamiento del sistema monetario internacional, eran patrocinadas por el gobierno de Estados Unidos, en particular por la Reserva Federal, para la cual Triffin trabajaba antes de mudarse al Fondo Monetario Internacional en 1946. Estas misiones eran parte de la política de ‘Buen Vecino’ desarrollada por ese país en relación a América Latina, en el contexto de una mayor preocupación con la influencia alemana en la región y las tensiones provocadas por el mayor nacionalismo de las políticas económicas, como por ejemplo la nacionalización del petróleo en México en 1938 (Helleiner, 2009, p. 6). Las viejas ideas de las misiones de Kemmerer y de Niemeyer eran ahora obsoletas.

Los objetivos de las reforma monetaria en Paraguay fueron explícitamente relacionados con “el progreso económico y social del país” (Triffin, 1944, p. 322). Por eso mismo Triffin (1947a, p. 76) argumentaba que la provisión de crédito agrícola e industrial y la creación de instituciones paralelas de crédito, oficiales y semi-oficiales lado a lado con el banco central, eran necesarias. Además, la visión de Triffin sobre las causas por la cuales el desarrollo agrícola e industrial era esencial en los países periféricos, era bastante similar a la visión desarrollada por Prebisch en ese entonces. Según Triffin (1947b, p. 57):

“[…] para la mayoría de los países agrícolas, los elevados ingresos de exportación y los saldos favorables en la balanza de pagos suelen coincidir con altos y no con los bajos niveles de los precios internos y de exportación. La razón de esto es que el volumen y los precios de exportación fluctúan tanto con la demanda como con las condiciones de la oferta, si no más. Es decir, que dependen en gran medida de factores internacionales en lugar de factores domésticos. Grandes fluctuaciones en los valores de exportación resultan principalmente de los movimientos cíclicos de la actividad económica y los ingresos en los países compradores, y no de cambios en la relación de los precios domésticos o costos a los niveles de precios o costos de otros países competidores o compradores. Así, para muchos países agrícolas, el ciclo internacional es principalmente un producto importado.”

Ya en 1944, Prebisch argumentaba que a su “juicio el alza de los precios en fase de ascenso cíclico es la que propaga la onda cíclica del centro monetario a los otros países” (Obras, Tomo IV, p. 70). Prebisch, algunos años más tarde (en 1949), se preocupará por desarrollar una teoría general dinámica del ciclo que abarque a la vez lo que ocurre en los centros y lo que ocurre en la Periferia de la economía mundial” (Ibid., p. 414). (Sobre la teoría dinámica de Prebisch véase Mallorquín, 2007; y Pérez Caldentey y Vernengo, 2012b). Prebisch, que tenía claro desde los años 20 el papel negativo que los términos de intercambio podían tener en el funcionamiento de una economía periférica y que había experimentado los efectos en el caso argentino en el decenio siguiente, pasó a ver la demanda externa de los centros cíclicos, primero Gran Bretaña y crecientemente los Estados Unidos, como la fuerza dinámica del ciclo económico en la periferia.

En ese sentido, su tarea como ‘Doctor Monetario’ en América Latina es la consecuencia lógica de su aprendizaje en el BCRA y el preludio a la defensa del proceso de industrialización periférica, que sin embargo todavía implicaba un papel importante para la producción agrícola, que desarrollaría en la Comisión Económica para América Latina, para la que, en carácter de consultor, preparó el informe para la primera reunión del siguiente año en la Habana. Si bien es verdad que sus ideas se movían en ese entonces al compás de los cambios globales, siguiendo la tendencia keynesiana y la visión más intervencionista de los bancos centrales, es también importante notar que la visión de Prebisch sobre el ciclo en el Centro y la Periferia y sobre la necesidad de la industrialización de los países periféricos rompía fundamentalmente con la visión dominante de su época.

Consideraciones Finales

La evolución de las ideas de Prebisch demuestra el papel simbiótico entre ideas y política en el campo de la economía. Las ideas económicas convencionales sobre el funcionamiento automático del Patrón Oro se ven contrapuestas lentamente a los problemas económicos de la Argentina. La innovación institucional relacionada con la creación del BCRA permite que nuevas ideas sean testeadas, y que un nuevo instrumental teórico fuera eventualmente desarrollado. Esas mismas ideas, que Prebisch comparte con otros compañeros de jornada como Triffin, fueron también aplicados en las reformas monetarias en la región, y fueron formativas en la visión que informaría el Manifiesto de Prebisch al final de los años 40, justo antes que empezara su carrera en la CEPAL.

Luego de un prolongado declive, – que se explica en parte por los efectos de la crisis de la deuda de los años 80, las reformas de estabilización y estructurales que le siguieron, el progresivo asentamiento de la creencia en la eficiencia del mercado y la deslegitimación de la intervención pública –, la última crisis (2007-2009) ha vuelto a poner de relieve las ideas de Prebisch sobre la importancia de contar con una política monetaria activa y contra-cíclica. No obstante, la política monetaria sigue manteniendo un pronunciado sesgo hacia la estabilidad de precios, prestando escasa atención a sus efectos sobre la trayectoria de crecimiento de largo plazo de las economías, efectos que eran tenidos en cuenta en la reforma a la banca en América Latina en la década de los años 30 y 40, en la que Prebisch fue uno de los personajes más destacados.

Referencias

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