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La restricción de la balanza de pagos al crecimiento | Raúl Prebisch y los desafíos del Siglo XXI

Prebisch entendió que las recurrentes crisis de la balanza de pagos de América Latina constituían una gran limitante del crecimiento económico de la región y un cuello de botella que retrasaba el proceso de industrialización.

La balanza de pagos es la suma de los resultados de la balanza comercial y la balanza de flujos de capital. Es el resultado contable cuando se considera todo el dinero que entra y todo el dinero que sale de un país, ya sea por intercambio comercial, por inversión, por préstamos, por repatriación de capital, remesas de migrantes, etc. Se dice que la balanza de pagos impone una restricción al proceso de crecimiento económico cuando el ritmo de este crecimiento se ve frenado por la disponibilidad de recursos externos. Esta dificultad estaría condicionada por la estructura productiva de los países periféricos y por la tendencia del sistema a reproducir las características de esa estructura productiva. De ahí el nombre de estructuralismo dado a este enfoque.

Prebisch entendió que las recurrentes crisis de la balanza de pagos de América Latina constituían una gran limitante del crecimiento económico de la región y un cuello de botella que retrasaba el proceso de industrialización.

La balanza de pagos es la suma de los resultados de la balanza comercial y la balanza de flujos de capital. Es el resultado contable cuando se considera todo el dinero que entra y todo el dinero que sale de un país, ya sea por intercambio comercial, por inversión, por préstamos, por repatriación de capital, remesas de migrantes, etc. Se dice que la balanza de pagos impone una restricción al proceso de crecimiento económico cuando el ritmo de este crecimiento se ve frenado por la disponibilidad de recursos externos. Esta dificultad estaría condicionada por la estructura productiva de los países periféricos y por la tendencia del sistema a reproducir las características de esa estructura productiva. De ahí el nombre de estructuralismo dado a este enfoque.

Prebisch abordó este problema de diversas maneras en el curso de su trabajo intelectual.

1. El deterioro de los términos de intercambio

Este tema es tratado en profundidad otra sección.Los términos de intercambio son el resultado de los cambios que experimentan los precios de los bienes y servicios exportados, por una parte, y los precios de los bienes y servicios importados, por la otra. Raúl Prebisch sostuvo que los precios de los productos primarios tendían a crecer a menor ritmo que los precios de los productos manufacturados. Dado que los países periféricos se especializan en la producción de bienes primarios y los desarrollados en la producción industrial, el deterioro de los términos de intercambio conduciría a una situación en la que para mantener equilibrada la balanza comercial, los países periféricos tendrían que exportar mayores volúmenes para poder seguir importando las mismas cantidades de bienes y servicios. El deterioro de los términos de intercambio, a su vez, se explica por las particulares características de los mercados de trabajo y las estructuras productivas de ambos tipos de países.

2. La elasticidad-ingreso de la demanda

Otro planteamiento de Prebisch para explicar la restricción de la balanza de pagos al crecimiento económico surge de la especialización productiva de los productores de bienes primarios, cuya elasticidad-ingreso de la demanda es menor a la de los bienes importados por estos países. La elasticidad-ingreso de la demanda de determinado bien es el cambio porcentual que experimenta esa demanda en relación con los cambios porcentuales que experimenta el ingreso. La elasticidad-ingreso es normalmente positiva, pero puede ser mayor que la unidad si se trata de un bien dinámico, o menor que la unidad si se trata de un bien tradicional, para usar los términos de la época. El impacto de esta limitada especialización productiva no es solamente el de presionar de manera recurrente al déficit de la balanza comercial, sino que también tiene un impacto en el ritmo de cambio tecnológico, ya que la expansión de la demanda es un elemento que lo induce.

El surgimiento de las ideas estructuralistas coincidió con una etapa de la economía mundial en la que el comercio se desplazaba desde un escenario dominado por el intercambio entre bienes primarios de los países periféricos y bienes manufacturados de los países industrializados, hacia otro en el que predominaba el intercambio inter-industrial entre países desarrollados. La industria trabajaba con mayores escalas que el agro y propendía más al cambio tecnológico, al aumento de la productividad y el empleo que los sectores primarios. Por ello, el fomento de la industrialización era visto como la manera de emprender el camino del desarrollo. Los posteriores procesos de desindustrialización de los países desarrollados, el avance de las tecnologías de la información y la aparición de nuevos servicios modernos plantean inéditos desafíos en este debate.

3. Los movimientos cíclicos

La restricción de la balanza de pagos al crecimiento latinoamericano se ve muchas veces escondida por la fuerza de los movimientos cíclicos. Estos responden a variaciones de precios de las materias primas y alimentos y también a la fuerte volatilidad de los flujos de capital, que tienden coincidir con los del sector exportador. Así, América Latina ha pasado por muchos períodos en los que ha habido abundancia de recursos externos, lo que ha generado expectativas de que esta tendencia de largo plazo haya sido superada. Sin embargo, hasta el momento estos procesos de abundancia de recursos externos han sido sucedidos por crisis importantes de la balanza de pagos.

Sin embargo, Prebisch y la CEPAL nunca han visto estas tendencias como una fatalidad irreversible, sino que han pregonado sobre la necesidad de diversas medidas de política para revertirlas.


 

Prebisch analizó el problema de la restricción que origina la balanza de pagos porque consideraba que era una gran limitante del crecimiento económico de la región y un cuello de botella que retrasaba el proceso de industrialización.

Por lo tanto, esta restricción al desarrollo económico de los países periféricos de la economía mundial fue uno de los componentes más destacados en los análisis de las corrientes estructuralistas, en cuya gestación la CEPAL, y Prebisch en particular, tuvieron un decisivo papel.

La balanza de pagos es el resultado de la relación entre los flujos monetarios hacia y desde el exterior. Los primeros están compuestos por las salidas de divisas para pagar las importaciones de bienes y servicios y por los flujos de capital hacia el exterior; los segundos, por las entradas de divisas que genera la exportación de bienes y servicios, así como por los flujos financieros provenientes del exterior. En definitiva, la balanza de pagos es la suma de los resultados de la balanza comercial y la balanza de flujos de capital.

La balanza de pagos impone una restricción al proceso de crecimiento económico porque este demanda más recursos externos que los que se pueden obtener. El ritmo del proceso estaría entonces determinado por los recursos externos que es posible conseguir. Por lo tanto, la dificultad para obtenerlos es el cuello de botella y este estaría condicionado por la estructura productiva de los países periféricos y por la tendencia del sistema a reproducir las características de esa estructura productiva. De ahí el nombre de estructuralismo dado a este enfoque.

Prebisch abordó este problema de diversas maneras en el curso de su trabajo intelectual, lo que lo llevó a analizar diferentes elementos que influían en la restricción de la balanza de pagos. Estos factores explicativos están vinculados unos con otros y las fuerzas con que actúan son complejas; en ciertos periodos se comportan en forma complementaria, en otros, en forma alternativa o de alguna manera distinta. A continuación se presentan tres elementos que repercuten en la balanza de pagos y se examinan los rasgos principales de las propuestas de Prebisch, así como la visión general que de ellos se puede dar desde la realidad económica actual y los aportes teóricos posteriores.

1. El deterioro de los términos de intercambio

Este tema es tratado en profundidad otra sección. Los términos de intercambio evolucionan como resultado de los cambios que experimentan los precios de los bienes y servicios exportados, por una parte, y los precios de los bienes y servicios importados, por la otra. Raúl Prebisch, al igual que Hans Singer, sostuvo que los precios de los productos primarios tendían a crecer a menor ritmo que los precios de los productos manufacturados. Dado que los países periféricos se especializan en la producción de bienes primarios y los desarrollados en la producción industrial, el deterioro de los términos de intercambio conduciría a una situación en la que para mantener equilibrada la balanza comercial, los países periféricos tendrían que exportar mayores volúmenes para poder seguir importando las mismas cantidades de bienes y servicios.

El deterioro de los términos de intercambio, a su vez, se explica por las particulares características de los mercados de trabajo y las estructuras productivas de ambos tipos de países.

2. La elasticidad-ingreso de la demanda

Otro planteamiento de Prebisch para explicar la restricción al crecimiento económico derivada de la balanza de pagos se relaciona con las elasticidades-ingreso de la demanda de exportaciones e importaciones.

El concepto de la elasticidad-ingreso de la demanda se refiere a los cambios porcentuales que experimenta la demanda en relación con los cambios porcentuales que experimenta el ingreso. La elasticidad-ingreso es positiva, pero puede ser mayor que la unidad si se trata de un bien dinámico, o menor que la unidad si se trata de un bien tradicional, para usar los términos de la época.

Esta versión tiene dos componentes que se vinculan entre sí: uno corresponde a la propia expansión de la demanda y el otro, al efecto de esa expansión sobre el cambio tecnológico.

 

a. La visión de la demanda

Esta versión remite a la llamada Ley de Engel, emanada de los estudios realizados por este economista inglés que en el siglo XIX constataba, a partir de una muestra transversal, que distintos sectores de la población presentaban estructuras de la demanda también distintas según su nivel de ingreso, y que a medida que este aumentaba, la estructura se desplazaba a favor de los bienes industriales y servicios y en desmedro de la alimentación. De ahí se desprendía la idea de que los países especializados en la producción y exportación de materias primas y alimentos enfrentaban el problema de una baja elasticidad-ingreso de la demanda de sus exportaciones. Por el contrario, la demanda de bienes industriales de esos países se incrementaría a medida que creciera su ingreso, lo que presionaría su balanza comercial hacia el desequilibrio. Si por diversas razones estructurales la transformación productiva fuera bloqueada y se persistiera en la especialización primaria, los países en desarrollo verían frenada su capacidad de crecimiento por la limitada expansión de la demanda de sus bienes exportables y su propensión a importar más allá de lo que aumenta su ingreso, lo que conduciría a un déficit creciente de su balanza comercial.

Miradas más recientes modifican y matizan esta idea. Hay quienes sostienen que la elasticidad-ingreso de la demanda está dada históricamente, que experimenta cambios y que incluso presenta tendencias predecibles. La llamada transición gastronómica consistiría en que la demanda de determinados alimentos, por ejemplo la carne y el trigo, puede pasar de períodos de baja elasticidad-ingreso cuando los ingresos medios son muy bajos, a otros de creciente elasticidad-ingreso cuando la renta sube a niveles intermedios, y posteriormente reducirse cuando el nivel medio de ingresos ya es muy alto. El actual impacto sobre la demanda de bienes primarios que genera la expansión económica de China podría equipararse al que generó la industrialización europea a fines del siglo XIX, en la medida en que nuevos sectores populares accedan a mayores niveles de ingreso y cambien sus hábitos de consumo. Esto significa que en algunos períodos históricos los países exportadores de bienes primarios pueden disfrutar de una demanda dinámica.

 

b. El efecto de las diferentes elasticidades-ingreso de la demanda sobre el aumento de la productividad

La incidencia de las elasticidades-ingreso de la demanda en el crecimiento sería aún mayor si se tomara en cuenta el aumento de la productividad. El postulado de Prebisch encuentra sustento en teorías sobre el cambio tecnológico que lo asocian al incremento de la demanda. Si el aumento de la productividad es el resultado de la expansión tanto de los mercados como de la escala de producción, será mayor en los sectores que tienen una demanda dinámica.

Por lo tanto, en los países industrializados el crecimiento de la productividad sería más alto que en los países especializados en bienes primarios. A ello se suma el hecho de que los países industrializados tienen estructuras sociales y políticas que permiten que los frutos de los aumentos de la productividad sean apropiados por los actores participantes (el Estado, los empresarios, los trabajadores sindicalizados). Por el contrario, en los países especializados en la producción primaria el crecimiento de la productividad no solo es menor, sino que sus aumentos no son necesariamente apropiados por los sectores pertinentes, ya que debido a la abundancia de mano de obra los salarios no suben y el incremento de la productividad puede llegar a expresarse en precios más bajos, lo que contribuiría, a su vez, al deterioro de los términos de intercambio.

El surgimiento de las ideas estructuralistas coincidió con una etapa de la economía en la que el comercio mundial se desplazaba desde un escenario dominado por el intercambio entre bienes primarios de los países periféricos y bienes manufacturados de los países industrializados hacia otro en el que predominaba el intercambio inter-industrial entre países desarrollados. La industria trabajaba con mayores escalas que el agro y propendía más al cambio tecnológico y al aumento de la productividad que los sectores primarios. Por ello, el fomento de la industrialización era visto como la manera de emprender el camino del desarrollo. Los posteriores procesos de desindustrialización de los países desarrollados, el avance de las tecnologías de la información y la aparición de nuevos servicios modernos plantean inéditos desafíos en este debate.

Por otra parte, se ha señalado –principalmente en el contexto de corrientes neo-schumpeterianas y evolucionistas– que el cambio tecnológico no debe verse como inducido exclusivamente por la demanda, sino que también es preciso considerar adecuadamente la oferta tecnológica y la fuerte interacción entre oferta y demanda. Sin embargo, estas teorías no necesariamente refutan los planteamientos básicos de Prebisch sobre las dispares elasticidades-ingreso de la demanda, sino que más bien los incorporan, con los matices antes mencionados.

De todas maneras, la idea de que la industria ha mostrado mayor dinamismo tecnológico que el agro no siempre se ha cumplido y la producción agropecuaria y sus sistemas de innovación se han mostrado muy dinámicos. No obstante, también se ha subrayado que las trayectorias tecnológicas son muy importantes y que la especialización en algunos bienes primarios puede conducir a caminos cerrados, que no dan lugar a procesos de largo plazo de desplazamiento progresivo hacia la producción de bienes con mayor contenido tecnológico. Es así entonces que los países ricos dominan los mercados tecnológicamente dinámicos y muestran una matriz productiva especializada y diversificada, mientras que los países pobres se especializan en la producción de bienes de países pobres (Haussman y Rodrik).

El comercio mundial, por otra parte, se ha vuelto mucho más complejo en la actualidad, los países en desarrollo se han industrializado y dominan los mercados de manufacturas intensivas en trabajo, pero sin dejar por ello de combinarse con alta tecnología. Algunos autores, como Cimoli y Verspagen, han resaltado la necesidad de trabajar con un continuo de bienes, pero el resultado agregado terminaría siendo muy similar al de Prebisch, ya que los países de mayor desarrollo relativo logran capturar los mercados más dinámicos desde el punto de vista tecnológico y controlar los núcleos más rentables de las cadenas de valor. El mundo en el que hoy se vive es más complejo, ya que hay en él un centro de dinamismo manufacturero que no es el centro de desarrollo científico-tecnológico, lo que demanda un considerable esfuerzo de re-conceptualización.

 

c. Las elasticidades en el desarrollo de América Latina

Para estudiar las posibilidades de crecimiento de una economía en relación con el mundo al que exporta se puede presentar una versión simplificada en la siguiente ecuación:

Donde:

  • yi* es la tasa de crecimiento del ingreso del país “yi” con equilibrio de la balanza de pagos;
  • z es la tasa de crecimiento del ingreso del resto del mundo;
  • ε y π son las elasticidades-ingreso de la demanda de exportaciones e importaciones, respectivamente.

Lo que indica el enfoque de las elasticidades es que la relación entre el crecimiento de una economía y el del resto del mundo (yi*/z) se puede obtener a partir de las elasticidades relativas (ε /π). Esto supone dejar a un lado en el análisis tanto los movimiento de capital como los cambios de los precios relativos (los términos de intercambio).

Como se muestra en el siguiente cuadro, la relación entre las elasticidades es una aproximación muy buena al crecimiento relativo de los siete países latinoamericanos sobre los que se ha podido contar con información correspondiente al período 1870-2008. Como se puede ver, la relación entre la tasa de crecimiento relativo real (y/z)) y la estimada a partir de (ε /π) es muy cercana a uno en los siete países. En todos los casos, pasaron de un PIB per cápita equivalente al 41% del de los países desarrollados en 1870 a uno equivalente al 28% en 2008. Proyectando los datos de 1870 según la tasa estimada de crecimiento (ε /π), el PIB per cápita de 2008 sería equivalente al 31%.

 

3. Los movimientos cíclicos

Muy tempranamente en su carrera profesional Prebisch se enfrentó a una realidad económica en que los precios de los bienes exportados e importados, la demanda de diversos bienes y los flujos de capitales eran altamente volátiles.

Ya en la década de 1920, desde su posición de responsabilidad en las instituciones económicas argentinas, había podido estudiar las grandes fluctuaciones económicas ocurridas durante la primera guerra mundial, el período de expansión inmediatamente posterior y las crisis de principios de los años veinte, a las que luego siguieron la gran crisis de 1929 y la depresión de los años treinta.

La extrema volatilidad se sumaba, como un factor más de distorsión económica, a las tendencias de los términos de intercambio y al enfoque de las elasticidades. Este tema no se tratará en detalle aquí, sino en una sección específicamente dedicada a él.

Prebisch, al igual que muchos otros economistas, entendía que los movimientos cíclicos eran la forma natural de desarrollo de la economía capitalista y que era necesario comprender el funcionamiento de los ciclos a nivel global, así como también, y especialmente, las diferentes formas en que los ciclos se presentaban y actuaban en el centro y en la periferia. La amplitud de los ciclos de precios de los bienes primarios era mayor que la de los bienes industriales, ya que subían más en los momentos de auge, pero también caían más en los momentos de baja, al cabo de los cuales podía constatarse la tendencia al deterioro.

En el gráfico siguiente se muestra cómo se han relacionado las tasas de crecimiento con los saldos de la balanza comercial durante las últimas décadas en América Latina.

Como puede observarse, en la década de 1950 América Latina mantuvo altas tasas de crecimiento y cierto superávit comercial, debido en parte a la mejora de los términos de intercambio y a la expansión de la demanda del mundo desarrollado, que crecía a muy buen ritmo. Sin embargo, al mantenerse ese alto ritmo de crecimiento en la década de 1960, las importaciones de bienes de consumo duradero tuvieron un gran empuje, pero también las de bienes de capital y de insumos para la industria. Como resultado se fue gestando un considerable déficit comercial, que se hizo muy cuantioso en la década de 1970, cuando los términos de intercambio se deterioraron, la demanda externa languideció y los costos de la importación de petróleo subieron para muchos países. Buena parte de este déficit comercial fue primeramente compensado por una abundante entrada de capitales, que no encontraban posibilidades de colocación en las economías más desarrolladas.

Sin embargo, la entrada de capitales sobrevaluó las monedas locales, favoreció las importaciones, hizo perder competitividad a las exportaciones y agudizó el déficit comercial. El aumento de los tipos de interés en Estados Unidos y la creciente desconfianza en la sustentabilidad del modelo de endeudamiento latinoamericano condujo a una fuga de capitales y a una crisis profunda, de la que se salió con una drástica caída del producto y la correspondiente reducción de las importaciones. El equilibrio comercial se restituye en la “década perdida” de 1980 justamente sobre la base de una notoria reducción de la tasa de crecimiento.

En la década de 1990 se inicia un nuevo ciclo expansivo y la historia de las décadas de 1960 y 1970 se vuelve a repetir. El crecimiento económico consume los excedentes de la balanza comercial y genera un nuevo déficit que, en primera instancia, se cubre con entradas de capitales atraídos por las privatizaciones, pero luego también con capital financiero. En los primeros años del siglo XXI se vuelve a vivir una crisis de la que se sale vía reducción de las tasas de crecimiento y ajustes de la balanza comercial.

Como se desprende del relato anterior, los ciclos económicos comerciales están estrechamente asociados a ciclos financieros de entradas y salidas de capitales, cuya volatilidad se suma a la de los términos de intercambio y a la de los volúmenes comercializados en las distintas fases del ciclo. Prebisch, y su contemporáneo Triffin, notaron que los ciclos de los flujos financieros se superponían a los comerciales y amplificaban el ciclo económico. Esto no solamente significa que los capitales fortalecen el ciclo de alza al acudir a las economías en expansión, sino que, cuando cambia la fase del ciclo, los capitales se retiran de las economías en crisis, profundizando la caída.

Este conjunto de aspectos, que estaba presente en la primera mitad del siglo y que vuelve a aparecer en las últimas décadas del desarrollo de América Latina, ha sido llamado “sobrevolatilidad”, en el entendido de que se trata de una volatilidad más alta que la que podría esperarse de acuerdo con el nivel de desarrollo de la región.

Como puede verse en el cuadro 2, América Latina muestra niveles de volatilidad superiores a la media mundial y a la de regiones de similar desarrollo.

A modo de síntesis

Puede sostenerse que los términos de intercambio han mostrado un leve deterioro en el largo plazo, lo que ha contribuido a restringir el crecimiento económico de América Latina. Sin embargo, las elasticidades-ingreso de la demanda de importaciones y exportaciones parecen ser la principal explicación del hecho que la región haya encontrado, en el largo plazo, una restricción sustancial a su crecimiento económico. Estas elasticidades reflejan el patrón de especialización productiva de América Latina, que se orienta a bienes cuyas exportaciones tienen una menor elasticidad-ingreso que la de sus importaciones.

Aun cuando es difícil estimar si América Latina ha registrado un balance neto desfavorable de los movimientos de capitales, estos han sumado volatilidad a la que presentan los movimientos comerciales.

Esta alta volatilidad general, que se puede caracterizar como “sobrevolatilidad”, es una fuente muy considerable de inestabilidad y resalta un hecho de la mayor importancia: si bien en el largo plazo América Latina enfrenta la restricción de la balanza de pagos, esta se presenta de manera cíclica e intermitente. Resulta así que esta restricción es interrumpida por períodos de abundancia de recursos externos, que disimulan la debilidad estructural en los períodos de auge, pero solo para volver con un nuevo empuje a poner límites al crecimiento, alejando a América Latina a distancias cada vez mayores con respecto a los países más desarrollados. Esto se debe, entre otras cosas, a que dadas las debilidades de las economías de la región, aquí los ciclos expansivos son más breves que en otras economías, como señalan Pérez y Titelman.

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