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Los ciclos económicos | Raúl Prebisch y los desafíos del Siglo XXI

La dinámica de las economías capitalistas se caracteriza por las oscilaciones recurrentes de la actividad económica y de sus distintos componentes. Desde sus inicios, el análisis de esta dinámica, denominado genéricamente ciclo económico, ha constituido uno de los campos más fructíferos y a la vez más polémicos en la teoría y la política económica.

En América Latina y el Caribe, el análisis del ciclo ha constituido un elemento central y de larga data en la agenda de investigación económica de la región y tiene a Raúl Prebisch (1901-1980) como uno de los precursores de su estudio. Las contribuciones de Prebisch consisten en primer lugar en entender el elevado grado de comovimiento entre el ciclo de América Latina y el de los países más desarrollados. Esta constatación fue esencial para el desarrollo del concepto centro-periferia.

En segundo lugar, Prebisch constató que el ciclo, pese a ser tradicionalmente considerado un fenómeno de corto plazo, estaba intrínsecamente relacionado con el largo plazo, como lo señaló en su manifiesto El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas (1949).

Los análisis más recientes sobre el ciclo económico en América Latina, realizados sobre la base de la metodología del "ciclo clásico", corroboran algunas de las intuiciones de Prebisch. Estos muestran, por una parte, el elevado grado de correlación entre las fluctuaciones de los países de la región y las del resto del mundo.

Por otra parte, el análisis de la dinámica de las distintas etapas del ciclo muestra que la duración y la amplitud promedio de las fases recesivas en América Latina y el Caribe (tanto a nivel regional como subregional) se comportan de manera similar a las de otras regiones del mundo. En cambio, la duración e intensidad de las fases de expansión son más cortas y menos intensas en América Latina y el Caribe que en otras regiones en desarrollo.

La dificultad de las economías de la región para sostener las fases de expansión ha limitado su desarrollo dada la falta de aprovechamiento del auge para elevar los niveles de vida de sus poblaciones. Además, ha mermado la capacidad de revertir los efectos que las recesiones han tenido sobre la estructura productiva, lo que se relaciona con el bajo crecimiento medio observado en los últimos 20 años.  

 


 

 

El ciclo económico en América Latina

Su estilización y efectos en la dinámica productiva

 

Esteban Pérez Caldentey, Daniel Titelman y Pablo Carvallo

(División de financiamiento para el Desarrollo)
 

Introducción

La dinámica de las economías capitalistas se caracteriza por oscilaciones recurrentes de la actividad económica y de sus distintos componentes. Desde sus inicios el análisis de esta dinámica, denominado genéricamente ‘el ciclo económico’, ha constituido uno de los campos más fructíferos y a la vez más polémicos en la teoría y la política económica.

De manera general el análisis del ciclo se ha desarrollado de acuerdo a cuatro fases. La primera, que abarca esencialmente el siglo XIX, se centró en las propiedades generales de estabilidad/inestabilidad de las fluctuaciones económicas. Una segunda fase, que incluye el periodo 1900-1945, dió lugar a tres interpretaciones que aún se mantienen vigentes: (i) la teoría monetaria del ciclo; (ii) la teoría de la sobreinversión; (iii) la teoría del sub-consumo. También en esta fase comenzaron a desarrollarse las teorías del ciclo que otorgaban a la innovación y a las expectativas un rol central como mecanismo de inicio y propagación del ciclo.

La tercera fase, que abarca desde el fin de la segunda guerra mundial hasta nuestros días, centró sus esfuerzos en la formalización del ciclo bajo las distintas versiones de los modelos de multiplicador-acelerador siendo su validez cuestionada tanto en términos empíricos como teóricos. En consecuencia el análisis fue progresivamente opacado pasando a ser reemplazado por la teoría del crecimiento económico. La cuarta fase, a partir de la década de los ochenta, se caracteriza por el resurgimiento del ciclo en términos de modelos de ciclos de equilibrio y desequilibrio (Medio, 2008).

En América Latina y el Caribe el análisis del ciclo ha constituido un elemento central y de larga data en la agenda de investigación económica. Raúl Prebisch (1901-1980) fue uno de los primeros economistas en analizar el ciclo económico de la región. Las contribuciones de Prebisch consisten en primer lugar en entender el elevado grado de co-movimiento entre el ciclo en América Latina y el ciclo en los países más desarrollados. Esta constatación fue esencial para el desarrollo de los conceptos de centro-periferia ( Véase Prebisch.,1991, Vols. 1-3; 1993 Vol. IV).

En segundo lugar Prebisch constató que el ciclo, pese a ser tradicionalmente considerado como un fenómeno de corto plazo, estaba intrínsecamente relacionado con el largo plazo tal y como lo señaló en su manifiesto El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas (1949).

Los análisis más recientes sobre el ciclo en América Latina corroboran algunas de las intuiciones de Prebisch.

 

La estilización del ciclo en América Latina

Los análisis sobre el ciclo y sus características muestran en primer lugar el elevado grado de correlación entre las fluctuaciones de los países de la región y del resto del mundo.

En segundo lugar, el análisis de la dinámica de las distintas etapas del ciclo muestra que América Latina, como otras regiones del mundo en desarrollo, tiene una mayor amplitud en las recesiones que el mundo desarrollado. No obstante la intensidad de la contracción es, en términos generales, menor para América Latina en relación a otras regiones del mundo en desarrollo.

En tercer lugar, el análisis indica que la duración e intensidad de las fases de expansión son más cortas y menos intensas en América Latina y el Caribe que en otras regiones en desarrollo. La dificultad de las economías de la región en sostener las fases de expansión ha limitado el desarrollo de América Latina por la falta de aprovechamiento del auge para elevar los niveles de vida. Además ha mermado la capacidad de revertir los efectos que las recesiones han tenido sobre la estructura productiva, lo cual se relaciona con el bajo crecimiento promedio observado en los últimos veinte años.

 

La fase recesiva del ciclo y sus principales características

Al igual que otros análisis en la literatura sobre el ciclo (i.e., Male, 2009, Harding & Pagan, 2005) la amplitud de la contracción encontrada en los países en desarrollo es mayor a la que experimentan los países desarrollados. En promedio, estos últimos experimentaron una contracción de -5.6% en el crecimiento del producto durante la fase recesiva del ciclo, mientras que en los países en desarrollo ésta se situó en un rango comprendido entre -8% y -11% (véase Recuadro para el detalle de las regiones y países correspondientes considerados y una explicación de la metodología).

Como se muestra en el Cuadro 1, en términos de la duración e intensidad (amplitud) de las fases recesivas del ciclo, el comportamiento de los países de la región es similar al del resto de los países considerados en la muestra para el período 1990-2010. Para el promedio de todos los países la recesión dura aproximadamente 3.8 trimestres. Para el caso de América del Sur la recesión promedio tiene una duración de 4.2 trimestres, mientras que en el caso del Istmo Centroamericano y la República Dominicana las duraciones son cercanas a los 3.3 trimestres. En el caso de otras regiones en desarrollo y desarrollados la duración es también en promedio cercana a los 4 trimestres.

Al comparar la intensidad (amplitud) de las recesiones los resultados muestran tendencias similares en cuanto al comportamiento de la región comparada con otras regiones en desarrollo. América del Sur experimenta una caída promedio de -8.1% en el crecimiento del producto durante la fase recesiva del ciclo. América Central ha tenido una amplitud inferior a la mostrada por América del Sur. Esta diferencia se explica por el hecho de que las crisis más fuertes e intensas durante el periodo en consideración (incluyendo la crisis del Tequila (1995), la Crisis Argentina (2001-2002), la crisis Asiática (1997-1998) y la crisis Rusa (1999)) focalizaron sus efectos o tuvieron como epicentro a México o América del Sur (Véase Titelman, D. Pérez Caldentey, E. y Minzer, R., 2008).

Asimismo, los países de Asia del Este y Pacifico también experimentaron contracciones de amplitud similar a los América del Sur. No obstante tal y como se señala más adelante las recuperaciones en el caso de Asia del Este y Pacifico fueron más rápidas que en el caso de América Latina y el Caribe.

  

El efecto de las recesiones en la dinámica productiva

En general las fases recesivas del ciclo económico han tenido un impacto negativo muy significativo desde la perspectiva de corto plazo así como en el desempeño económico y social de largo plazo de las economías de la región. En general, la inversión y la estructura productiva, así como la productividad, se han visto fuertemente afectadas durante las fases contractivas del ciclo. Esto se refleja en los resultados obtenidos en el Cuadro 2 que muestra la duración y amplitud de los ciclos de los componentes de la demanda agregada en relación al PIB en las fases de expansión y recesión. Los resultados correspondientes son mayores (menores) a la unidad cuando algunos de estos componentes (ya sea consumo, gasto de gobierno, inversión, exportaciones e importaciones) tiene una amplitud o duración (ya sea en la fase expansiva o contractiva del ciclo) mayor (menor) que el PIB.

Así por ejemplo, en el caso de la amplitud, el resultado correspondiente al consumo privado en la fase de expansión es igual a 1,3, indicando que en esta fase el consumo se expande un 30% más que el PIB. De la misma manera el resultado para el consumo privado para la fase recesiva es 1,3 indicando que el consumo privado cayó 30% más que el PIB en dicha fase del ciclo.

En cuanto a la duración, el resultado para el consumo es igual a 1,0, indicando que el tiempo de duración de la expansión del consumo es igual al tiempo de duración de la fase de expansión para el PIB. Por su parte, el resultado para el consumo en la fase recesiva 0,9 lo que muestra que la fase recesiva dura un 0,1% menos en el caso del consumo en relación a lo que dura la fase recesiva para el PIB.

Uno de los resultados más relevantes de este ejercicio es demostrar que la contracción en la inversión es muy superior a la contracción del resto de los componentes de la demanda agregada y del PIB. De manera más específica, para el promedio regional la amplitud de la contracción de la inversión es cuatro veces superior a la del PIB. Por su parte, las contracciones del consumo privado y de gobierno llegan a ser superiores en un 30% y 60% a la contracción del PIB.

Nótese que la inversión tiene un claro comportamiento asimétrico con un efecto mucho mayor en la fase descendente del ciclo que en la fase de aceleración. En la fase descendente del ciclo la inversión se contrae 4 veces más de lo que lo hace el PIB. En cambio en la fase ascendente la inversión no alcanza a superar el aumento del PIB y transformarse por ende en punta de lanza del crecimiento económico.

La contracción de la inversión tiene efectos de corto plazo sobre la demanda agregada y el nivel de empleo, pero a la vez tiene efectos en la trayectoria de largo plazo de la economía. En la medida que la inversión se caracteriza por un elevado grado de irreversibilidad, ésta vincula las decisiones que se toman en el corto plazo con los resultados del mediano y largo plazo.

Así la fase recesiva del ciclo que se caracteriza por una caída significativa de la inversión puede conllevar un menor crecimiento en el corto y más largo plazo lo que a la vez suele provocar una merma en la capacidad de la economía de generar y sostener el empleo. También puede contribuir a una reducción de la productividad al posponer la adopción de métodos de producción más intensivos en capital y en tecnología.

Un comportamiento similar al de la inversión se observa en el comportamiento de la productividad. Evidencia disponible para la industria manufacturera de cinco países de América Latina (Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México) para el periodo 1970-2008 muestra, que la caída de la productividad, en relación a la del PIB en la fase contractiva del ciclo en términos de duración y amplitud, supera a la recuperación registrada en la fase expansiva. En la fase recesiva del ciclo la productividad se contrae en promedio (para esta muestra de cinco países de América Latina) tres veces más que el PIB. En cambio en la fase expansiva del ciclo, la productividad se expande en promedio en la mitad de lo que lo hace el PIB (Cuadro 3).

La limitada capacidad de América Latina para aprovechar la fase expansiva del ciclo

Contrariamente a lo que ocurre con las fases de contracción, la duración y amplitud de las fases expansivas muestran significativas diferencias entre los países analizados para el período 1990-2010. Sin embargo, una característica común en todos los casos es que, sin excepción alguna, la duración e intensidad de las fases de expansión son mayores a las de la duración e intensidad estimadas en las fases de contracción.

A nivel de las subregiones destaca el hecho que Asia del Este y Pacífico tienen las expansiones más sostenidas y duraderas. En promedio el PIB se expande en 43.5% en la expansión con una duración de nueve años (35 trimestres). En el caso de América Latina, la evidencia muestra que la duración de las expansiones, así como su intensidad, tiende a ser inferior al de otras regiones. La duración de la expansión para América Latina es 4.75 años (19.6 trimestres) lo que representa la mitad de la duración de la expansión en el caso de Asia del Este y Pacífico. De igual manera, en la fase alcista del ciclo, el PIB se expande en 25% lo que representa un poco más de la mitad de la expansión de la región de Asia del Este y Pacífico.

Estos resultados se reflejan de manera más clara en la ganancia de producto acumulada en la fase expansiva del ciclo. Esta es para el caso de Asia Oriental y Pacífico, y Europa y Asia Central tres veces mayor en relación a América Latina. De la misma manera en el caso de los países desarrollados, la ganancia acumulada de producto es en promedio dos veces mayor que en América Latina y el Caribe (Véase Cuadro 1).

Estos resultados también tienden a confirmarse cuando la fase expansiva se desagrega en sus dos componentes: fase de aceleración (PIB crece a tasas crecientes) y fase de desaceleración (PIB crece a tasas positivas pero decrecientes). La Figura 1 muestra las tasas promedio de crecimiento de estas dos fases para los países analizados. América Latina tiene el crecimiento promedio más débil en la fase de aceleración y desaceleración en comparación con las otras regiones del mundo en desarrollo. La tasa de crecimiento promedio durante la fase de aceleración es de 5% en promedio para América Latina, mientras ésta llega a situarse en 7% para las regiones de Asia del este y pacífico y en 6% para los otros países emergentes.

 

Figura 1: Tasa de crecimiento anual promedio del PIB para las distintas fases del ciclo por regiones del mundo en desarrollo 1990-2010 (datos trimestrales)

Fuente: Cepal sobre la base de fuentes oficiales

 

A nivel subregional se observa un comportamiento diferenciado (Cuadro 4). América del Sur seguido por el Istmo Centroamericano muestran la mayor capacidad para aprovechar las fases de aceleración con tasas promedio de crecimiento de 5.8% y 6.9%. El desempeño del Istmo Centroamericano y la República Dominicana se explica por los casos de Nicaragua, Panamá y República Dominicana (6.5%, 5.8% y 6.9% respectivamente). En el otro extremo México muestra una capacidad limitada para acelerar el crecimiento en esta fase.

Finalmente cabe destacar que además, en los ciclos expansivos, la brecha de productividad entre sectores de alta y baja productividad tiende a aumentar (Figura 2). Esto se puede ilustrar tomando como punto de referencia el último ciclo expansivo (2003-2007) que mostró la tasa de crecimiento más alta desde la década de los setenta. Para este ciclo, la evidencia muestra que en un grupo de países seleccionados (Argentina, Brasil, Chile, Colombia) la brecha de productividad entre los sectores con mayor y menor productividad tiende por lo general a aumentar entre su inicio y su término.

 

Figura 2: Brecha de productividad intra-sectoriales para el inicio y fin del último ciclo expansivo (2003-2007). Países seleccionados de América Latina

Fuente: Sobre la base de PADI (2011).

Conclusión

La dinámica del ciclo en América Latina y el Caribe es asimétrica en términos de la diferencia en la duración y amplitud de las fases contractiva y expansiva, así como en sus efectos en la demanda agregada y en la esfera productiva.

El análisis de las distintas etapas del ciclo muestra que por un lado la duración y amplitud promedio de las fases recesivas en América Latina y el Caribe (tanto a nivel regional como subregional) se comportan de manera similar a las de otras regiones del mundo en desarrollo con una duración promedio cercana a 3.8 trimestres.

Por otro lado, América Latina y el Caribe muestran expansiones que en promedio son menos intensas y duraderas que en otras regiones. Asimismo la región tiene en promedio las menores tasas de crecimiento en las fases de aceleración (tasa de crecimiento creciente) y desaceleración (tasa de crecimiento positiva pero decreciente).

El comportamiento asimétrico del ciclo también se observa en la distribución de los choques en los componentes de la demanda agregada así como en su distribución en la esfera productiva y social.

Sistemáticamente, las fases recesivas muestran una fuerte caída en la inversión, que es una variable fundamental para la macroeconomía del desarrollo, ya que vincula el comportamiento de una economía en el corto plazo con su desempeño en el mediano y largo plazo. Además, en la fase expansiva del ciclo, la inversión no logra recuperar la intensidad de su caída en la fase contractiva del ciclo. La evolución de la productividad, otra variable clave que relaciona el corto con el largo plazo, muestra un comportamiento similar.

La dificultad de las economías de la región para sostener las fases de expansión, no sólo no ha permitido potenciar los niveles de inversión y productividad, sino que además ha mermado la capacidad de revertir los efectos que las recesiones han tenido sobre ambas variables. Esto incide en la incapacidad que han mostrado los países en cerrar las brechas de productividad intra-sectoriales en los períodos expansivos, lo cual redunda en un mayor nivel de heterogeneidad estructural.

Así, más allá de los efectos negativos de la volatilidad, la dinámica del ciclo afecta la capacidad de crecimiento de mediano y largo plazo de los países, por sus efectos y comportamiento asimétrico en la inversión y la productividad,. Esto abre varios desafíos en el diseño de políticas macroeconómicas para el desarrollo.

Por una parte, la política macroeconómica tiene que fortalecer la capacidad de mitigar y paliar los efectos de las recesiones sobre la estructura productiva. Por otra, la política macroeconómica debe platearse como objetivo el sostener la fase expansiva del ciclo haciéndose cargo de los riesgos y vulnerabilidades asociadas a la expansión.

Para esto es fundamental blindar la inversión pública frente a los altibajos de la actividad económica. Además, se debe contar con políticas públicas que fortalezcan y potencien la fase expansiva del ciclo para expandir la frontera de producción y trayectoria de largo plazo. Estos constituyen elementos clave, no solo para poder revertir las pérdidas que se originan en las fases contractivas, sino para estimular y fortalecer la capacidad y estructura productiva de las economías afín de elevar de manera permanente las tasas de crecimiento, componente importante de las necesidades de desarrollo de los países de América Latina y el Caribe.

Referencias

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